
Ven en la televisión un anuncio en el que todo es estupendo: chicos y chicas jóvenes juegan en el campo y saltan en paracaídas, como quien está en un campamento de verano, sueldos altos, posibilidades de futuro, muchos amigos, y uniformes brillantes y cargados de galones. Son jóvenes a los que no les han ido bien los estudios, quizás nunca han tenido muchas posibilidades, y su futuro no se presenta muy prometedor.
Un chico fuerte y una atractiva joven se presentan en el instituto cargados de videos y fotografías maravillosas. Sus brillantes uniformes abren a estos chicos una ventana al futuro. Ya saben qué hacer con sus vidas, a las dos semanas se alistarán.
Al llegar al cuartel se dan cuenta de que la ropa no está tan limpia y brillante, ni las chicas son tan guapas, ni el calzado es ni mucho menos cómodo; además correr cuesta arriba por un cortafuegos al sol no es tan divertido como puede parecer. Pero el bajo sueldo supone un respiro a fin de mes.
Cuando juremos bandera todo irá mejor, se dicen unos a otros, y la guerra parece algo tan lejano para un país como el nuestro, que piensan que toda su carrera la pasarán haciendo maniobras y juegos de guerra.
Cuando se quieren dar cuenta van en un helicóptero camino de un país que no conocen nada, debería haber prestado más atención en clase de geografía, se dice uno de los jóvenes, pero ya es tarde, y se dan cuenta de que el sueldo no era para tanto, ni ven por ningún sitio a los apuestos jóvenes que les dieron la charla en el instituto, tampoco es tan prometedor el oficio que iban a aprender.
Ahora llevan un fusil en las manos y sienten una mezcla entre miedo e impaciencia que les impide dejar de mover las piernas.
Nadie les había dicho que los jóvenes de la charla tenían una licenciatura cuando se alistaron, ni que habían pasado por la escuela de oficiales. Pero ya es demasiado tarde, el helicóptero ha aterrizado y ese sitio no se parece en nada al de las fotos que les enseñaron. Pero en fin, como dice la canción: “Haz turismo invadiendo un país…”
P.D. No me gustaría que se interpretase mi escrito como una critica a estos jóvenes, que sin duda forman parte de lo que hoy en día es un ejercito del que sentirse orgulloso, dadas las múltiples misiones humanitarias en las que participa, si no en todo caso a sus condiciones laborales.